Así es la vida en Los Santos, el pueblo donde más tiembla en Colombia

Los 12.000 habitantes de Los Santos (Santander) están tan acostumbrados a los temblores que a diario ocurren en su población, entre 12 y 20, que solo se preocuparían, dicen, si por un periodo extenso dejaran de suceder.

En las 388 casas, la mayoría de tapia pisada (tierra compacta) que hay en el pueblo, sus moradores coinciden en que la mayoría de los movimientos que ocurren en el municipio donde más tiembla en el país no son perceptibles para algunas personas, pero sí para los animales.

En el municipio, situado en el cañón del Chicamocha, 62 kilómetros al sur de Bucaramanga, antes de un temblor las cucarachas salen de sus escondites, los perros ladran más de lo normal, los pájaros trinan incansablemente y algunas vacas y caballos saltan las cercas de las fincas.

Arturo Lizarazo Espinosa, el santero más viejo, con 95 años de edad, recuerda que el sismo más fuerte fue el ocurrido el 29 de julio de 1969.

“Estábamos en una finca a una hora del pueblo. En esa oportunidad, de la tierra salió un extraño sonido y los animales corrían despavoridos. Las montañas se movían como gelatina y la radio quedó muda. La cúpula de la iglesia del pueblo se cayó y en su reparación, de manera accidental, murió una niña de 8 años, a la que le cayó una tabla. Ella ha sido la única víctima de los temblores en Los Santos”, dijo el cultivador de tabaco, maíz, yuca, fríjol y tomate.

En Los Santos, un pueblo caluroso y seco, los temblores son asociados con la tragedia de las extensas sequía, y también con la bendición que representa para los pobladores los días de lluvia.

Observando con sus familiares un álbum en el que tiene fotografías de sus 16 hijos y 32 nietos, Lizarazo Espinosa insiste en que en tiempos de sequía implora que tiemble para que “caiga agüita”, pues en la población solo hay servicio de agua potable entre las 6 y 9 de la mañana.

Aunque los dos fenómenos no tienen ninguna relación, otras personas, como José Santos, el campanero de la iglesia, aseguran que la sequía extrema que afecta al municipio se debe a que “los temblores ahuyentan a las nubes”.
Santos, quien alargó las cuerdas de la campana para no subir a la parte más alta del templo, “para evitar sentir los temblores a esa altura”, dijo que no percibe la mayoría de los sismos que a diario ocurren.

Segundo nido sísmico del mundo

Según los sismógrafos instalados en el cañón del Chicamocha, diariamente se registran en el pueblo entre 12 y 20 sacudidas, que convierten a esta zona del país en el segundo nido sísmico con más actividad en el planeta, después de la región del Hindu kush (Afganistán) y superando a los famosos montes Cárpatos (Rumania).

Según el Servicio Geológico Colombiano, de los 56.939 sismos que se registraron en el país entre 1993 y el 2007, el 55 por ciento (31.056) se originaron en Los Santos.

Aunque la mayoría de los pobladores afirma no sentir los temblores, la tranquilidad que caracteriza al turístico municipio, que atrae visitantes extranjeros y de todo el país por sus bondades paisajísticas, se alteró el 10 de marzo pasado cuando un temblor de magnitud 6,6 Mw tuvo como epicentro el pueblo, situado sobre tres fallas geológicas y las placas tectónicas Caribe y Nazca, que liberan energía permanentemente porque, según los geólogos, están en constante movimiento.

A las 3:55 p. m. de ese martes, 25 segundos de un fuerte temblor fueron suficientes para que los santeros sintieran sus peores temores.

En el momento del fuerte sacudón en las cuatro calles y diez carreras del pequeño casco urbano, sus habitantes corrieron despavoridos para llegar al parque y recibir en sus celulares decenas de llamadas de familiares que querían saber su suerte, pues el temblor se sintió en más de la mitad de Colombia y países vecinos como Venezuela y Panamá.

“Es normal que en los temblores más fuertes, que casi nunca sentimos acá, nos llamen de todas partes a preguntarnos. En la mayoría, nos enteramos de que tembló por los familiares y periodistas que nos llaman a menudo”, dijo el alcalde, Carlos Torra.

El temblor produjo serias afectaciones en más de 1.000 viviendas de 18 municipios de Santander. Más de la mitad debieron reconstruirse, pero en Los Santos tan solo una decena de viviendas sufrieron daños menores.

“Lo que nos han dicho los expertos que han venido al municipio es que el pueblo está situado sobre una gran capa rocosa que nos ayudaría a minimizar el efecto de los temblores”, dijo Gerardo Bárcenas, director de la Casa de la Cultura.

Laura España, gerente del hospital local, fue una de las personas que salieron a las calles, en compañía de los 20 empleados que laboran en el centro asistencial y los pacientes que se encontraban en la pequeña casa en la que se atienden diariamente a 120 personas.

Sabemos que acá tiembla todos los días, pero la mayoría de los sismos no los sentimos por la profundidad a la que ocurren. Ese martes la historia cambió y nos recordó lo vulnerables que somos”, dijo la funcionaria.

El centro asistencial, que no es sismorresistente, necesita una readecuación física para ampliar sus servicios y garantizar que quede en pie durante una emergencia.

Muy cerca del hospital, en el Colegio Integrado Los Santos, la mayoría de los salones son reconstruidos con normas sismorresistentes, pero en siete de ellos, que aún no se reparan, permanecen 150 estudiantes, que en el momento de una evacuación pueden tener dificultades.

Allí, Juan David Gómez, estudiante de 10 años de edad, recordó que el 10 de marzo estaba jugando microfútbol con varios amigos cuando, de un momento a otro, “los postes de la luz comenzaron a moverse de un lado a otro. Nunca me imaginé ver algo así”, comentó.

El joven hace parte del grupo juvenil que, con la asesoría de una profesora, editó un video casero en el cual, en diez minutos, les indican a los pobladores las medidas que deben adoptar en el momento de un fuerte sismo.

“Paradójicamente, la Secretaría de Educación de Santander me pide que prescinda de dos profesores, lo que me obligaría a ubicar a 48 muchachos en un solo salón, con el riesgo que esa cantidad representa si se registra un fuerte temblor”, advirtió el rector del colegio, Néstor Amaya.

¿Temblores, imán para el turismo?

En la parte más alta de la zona rural de Los Santos, conocida como La Mesa, se ha erigido un gran complejo turístico que surgió frente a una panorámica excepcional del cañón del Chicamocha.

Allí, Andrés Guillermo Ángel no es geólogo, pero les atina a los temblores cuando la ventana de su habitación se estremece con los sismos.

Ángel, quien parceló lotes para la construcción de cabañas turísticas, sabe que cada vez que se mueven los vidrios de la ventana del segundo piso es porque se está registrando un temblor.

“Con el tiempo aprendí a diferenciar entre los sonidos que producen en la ventana el viento y los temblores. Mientras que la brisa mueve ligeramente el vidrio por periodos más largos, los temblores originan movimientos de mayor intensidad”, precisa Ángel, quien vive con sus dos hijos y su esposa en la vereda El Tabacal.

Allí, frente a modernas viviendas de descanso donde cemento, ladrillo, hierro y metal predominan en las fachadas, 188 locales de un mercado campesino construido con piedras, tierra y melaza generan un particular contraste visual.

Un club, restaurantes y costosas construcciones son los vecinos del mercado, donde 135 campesinos y 35 microempresarios conviven en el mismo espacio para vender sus productos en un entorno en el cual el olor a naturaleza es una de las principales características.

Desde mayo del 2008 funciona el lugar, único en el país, donde 60 hombres trabajaron para reemplazar el cemento por adobe de tierra pisada mezclada con caliche (cal natural), para dar mayor compactación a las paredes de los locales comerciales.

Cada local tiene una figura cóncava, donde la tierra funciona como un aislante de la temperatura (si afuera hace calor, adentro está frío y viceversa), y la cubierta es un cielorraso de madera rolliza, tablas o guaduas que se cubrieron con césped, para dar una sensación de ‘techo vivo’.

Allí también se encuentran una enorme pirámide de tapia pisada, varios lagos artificiales, cultivos orgánicos de café, vegetales y orquídeas; una estación del teleférico del Parque Nacional del Chicamocha y senderos construidos por los indígenas guanes, que dejaron pictogramas y arte rupestre que hoy tienen más de 1.200 años de antigüedad.

Todos los atractivos turísticos hacen que en épocas de vacaciones y festivos la población se triplique por la afluencia de visitantes. El alcalde, Carlos Torra, manifestó que con la presencia de los excursionistas los temblores pasan a un segundo plano pues se acentúa la falta de agua potable.

“No nos olvidamos de los temblores y por eso hacemos permanentes simulacros, pero el problema del agua nos genera permanentes emergencias”, agregó el funcionario.

Al término de una caminata por el cañón, George Smith, piloto comercial estadounidense, afirmó que ha venido en varias oportunidades a Los Santos, atraído por su geografía, potenciales turísticos y, aunque parezca mentira, según él, por los temblores.

“Tengo un familiar geólogo que ha viajado conmigo a esta zona, y él todo el tiempo me dice que debo estar tranquilo mientras tiemble a menudo, pues es señal de que las capas tectónicas están liberando energía. La verdad, he sentido apenas dos leves temblores en mis cuatro visitas, y no ha pasado nada”, concluyó el turista extranjero.

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