Estos son los malos hábitos nocturnos que lo pueden hacer subir de peso

La mala calidad del sueño y dormirse más tarde se asocian a un peor control de la glucemia.

Un nuevo estudio concluye que el hecho de acostarse más tarde y la mala calidad del sueño se asocian a niveles más altos de glucosa en sangre y a un peor control del azúcar en sangre tras las comidas, según publican los investigadores en ‘Diabetologia’, la revista de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD, por sus siglas en inglés). Un tema que relacionado directamente con esos kilos de más.

Ya estudios anteriores habían concluido que la falta de sueño de calidadfomenta un aumento del peso corporal, debido a los desajustes que se producen a nivel hormonal. En concreto, se segrega menos leptina, hormona supresora del apetito, y se libera más cantidad de grelina (hormona del apetito).

Por ejemplo, un estudio publicado por el Journal of the American Medical Association (Jama), concluyó que las mujeres que duermen con la televisión o una luz encendida en la habitación tienen más probabilidades de ganar peso, pues la luz podría suprimir la producción de melatonina, lo que altera el ritmo circadiano y los patrones de alimentación.

Ahora, esta nueva investigación realizada por Neli Tsereteli, del Centro de Diabetes de la Universidad de Lund, en Malmö (Suecia), y el profesor Paul Franks, tanto del Centro de Diabetes de la Universidad de Lund, en Malmö, como de la Escuela de Salud Pública Chan de Harvard, en Boston (Estados Unidos), y sus colegas, vuelve sobre el tema.

Los autores examinaron si las fluctuaciones nocturnas de la duración, la eficiencia o el horario del sueño afectan a la respuesta postprandial (después de la comida) de la glucosa al desayuno del día siguiente.

La dieta, el ejercicio y el sueño son componentes fundamentales de un estilo de vida saludable; sin embargo, el papel que desempeña el sueño en el control de la glucemia por parte del organismo en personas generalmente sanas ha sido objeto de relativamente pocos estudios hasta ahora. Los trastornos del sueño suelen aparecer junto a otros problemas de salud, lo que permite que actúen como medida de la salud general.

La calidad del sueño también tiene un efecto causal directo en muchas afecciones potencialmente mortales, como las enfermedades cardiovasculares, la obesidad y la diabetes de tipo 2 (T2D); y las alteraciones del sueño causadas por afecciones como la apnea obstructiva del sueño se asocian tanto a la prevalencia de la T2D como al riesgo de complicaciones derivadas de la enfermedad.

La importancia del sueño en la salud metabólica

Estos y otros datos sugieren que existe una estrecha relación entre la calidad y la duración del sueño y la capacidad del organismo para regular adecuadamente los niveles de glucosa.

Los autores señalan que, «aunque se han realizado numerosos estudios prospectivos de cohortes de gran tamaño centrados en la relación entre el sueño autodeclarado, la enfermedad y el bienestar, los datos objetivos sobre el sueño y el metabolismo postprandial de la glucosa suelen proceder de pequeños estudios realizados en entornos muy controlados y en subgrupos de población específicos, como los que sufren trastornos del sueño debido al embarazo, la apnea del sueño, la depresión, la obesidad o la diabetes… Por ello, es necesario disponer de más pruebas sobre los efectos del sueño en el metabolismo de la glucosa en individuos sanos», añaden.

Analizaron la relación entre el sueño (la duración, la eficiencia y el punto medio entre el momento de irse a dormir y el de despertarse) y la respuesta glucémica postprandial (el cambio en los niveles de glucosa en sangre después de ingerir una comida) a los desayunos de diferente composición de macronutrientes en un grupo de estudio formado por 953 adultos sanos del Reino Unido y Estados Unidos.

Los participantes se inscribieron en el ensayo ZOE Personalized REsponses to DIetary Composition Trial 1 (PREDICT1), el mayor estudio científico de nutrición de este tipo en el mundo, que se llevó a cabo durante 14 días y en el que consumieron comidas de prueba estandarizadas con un contenido conocido de carbohidratos, grasas, proteínas y fibra dietética.

El azúcar en sangre se controló mediante un dispositivo de monitorización continua de la glucosa (CGM) que tomaba datos de muestra cada 15 minutos durante toda la duración del estudio, mientras que la monitorización del sueño se realizó mediante una unidad de actigrafía: un dispositivo que se lleva en la muñeca y que mide los movimientos del participante.

El estudio descubrió que, si bien no existía una asociación estadísticamente significativa entre la duración del período de sueño y la respuesta glucémica postprandial, había una interacción significativa cuando se tenía en cuenta también el contenido nutricional de la comida del desayuno.

Los periodos de sueño más largos se asociaron a una menor glucemia tras desayunos ricos en carbohidratos y en grasas, lo que indica un mejor control de la glucemia. Además, observaron un efecto intrapersonal en el que un participante en el estudio que durmiera más tiempo del habitual tenía más probabilidades de tener una menor glucemia postprandial tras un desayuno rico en carbohidratos o en grasas al día siguiente.

Los autores también hallaron una relación significativa entre la eficiencia del sueño (relación entre el tiempo que se duerme y la duración total del periodo de sueño), que indica una alteración del sueño, y el control glucémico que era independiente de la composición nutricional del desayuno del día siguiente.

Los participantes con una mayor eficiencia del sueño tenían, de media, más probabilidades de tener una menor glucemia postprandial que los que tenían una menor eficiencia del sueño. Cuando un participante dormía de forma más eficiente de lo normal, su glucemia postprandial también tendía a ser más baja de lo habitual.

El tiempo de sueño tuvo un efecto significativo, ya que un punto medio de sueño más tardío se asoció con un mayor nivel de glucosa en sangre. Este efecto se debió principalmente a los cambios en el inicio del sueño (quedarse dormido más tarde) más que a las diferencias en la compensación del sueño (despertarse más tarde) y se observó que tenía un impacto negativo en el control glucémico tanto cuando se hicieron comparaciones entre los participantes del estudio, como cuando se observaron las variaciones en los patrones de sueño de los participantes individuales.

«Nuestros datos sugieren que la duración, la eficiencia y el punto medio del sueño son determinantes importantes del control glucémico posprandial a nivel poblacional, al tiempo que ilustran que para optimizar las recomendaciones sobre el sueño probablemente sea necesario adaptarlas a cada persona (…) -afirman-. Estos resultados subrayan la importancia del sueño en la regulación de la salud metabólica, y es probable que sea necesaria una combinación de directrices sobre el sueño, tanto generales como más personalizadas, para que los pacientes puedan minimizar su riesgo de enfermedad metabólica».

Y concluyen que «los hallazgos de este estudio pueden servir de base a las estrategias de estilo de vida para mejorar los niveles de glucosa en sangre posprandiales, centrándose en las rutinas de acostarse más temprano y maximizando el sueño ininterrumpido de alta calidad. Es probable que se requiera una combinación de pautas de sueño tanto generalizadas como más personalizadas para garantizar una salud metabólica óptima en sí misma y maximizar la eficacia de las pautas para la prevención de la diabetes», señalan.

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