Nancy Sánchez: un adiós que deja su nombre tejido en la lucha de las mujeres del Putumayo.
Hoy, como se despide a las grandes mujeres que han cambiado la historia, despedimos a Nancy Sánchez, defensora incansable de los derechos humanos de las mujeres en el Putumayo. Su paso por esta tierra fue firme y luminoso: carácter al servicio de la justicia, valentía sembrada en el territorio, palabra que supo denunciar y cuidar al mismo tiempo. Durante más de dos décadas convirtió el miedo en organización y el dolor colectivo en dignidad compartida para 65 organizaciones de mujeres que hoy continúan su obra, y para muchas otras que encontraron en ella guía y esperanza.

Nancy Sánchez nació el 2 de octubre de 1968. Fue Comunicadora Social y periodista, defensora de derechos humanos y de género por más de 25 años en el Putumayo y otras regiones del país. Dedicó su vida a la consolidación de la paz, la resolución de conflictos, la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha contra la violencia sexual y basada en género. Especialista en Derecho Internacional de los Derechos Humanos de la Universidad Católica de Lyon (Francia), Especialista en Desarrollo Regional de la ESAP y cursó el programa de Resolución 1325 con SIDA-Idevelop-Kvinna Till Kvinna (Suecia y Sur África).
Su experiencia dejó un legado de lucha al visibilizar, desde el año 2000 y en escenarios nacionales e internacionales, los impactos del Plan Colombia en la salud, el recrudecimiento del conflicto armado y las consecuencias humanitarias de la militarización y las fumigaciones indiscriminadas. Además, impulsó acciones de incidencia con organizaciones de Washington como WOLA, Witness for Peace y el Center for International Policy (CIP), centro de investigación y defensa de políticas públicas con sede en Estados Unidos, llevando la voz del territorio a escenarios globales.

Su labor fue reconocida con el Premio Letelier-Moffitt de Derechos Humanos (Institute for Policy Studies, Washington DC, 2003), la OAK Human Rights Fellowship at Colby College (Maine, 2007) y su participación como Women PeaceMaker en San Diego, California (2012). Sin embargo, su mayor reconocimiento fue el respeto de las mujeres a quienes acompañó y formó.
Nancy nos enseñó que amar también es defender la dignidad, nombrar la verdad y sostener a otras cuando el mundo se quiebra. Su ausencia duele, pero su legado permanece vivo en cada mujer que hoy se levanta sin miedo.

Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida del Putumayo.
Por: Mildred Ramírez Bríñez